¡Basta de lejía y ambientadores! ¡Queremos respirar!

La sobremesa se alargaba y el restaurante estaba a punto de cerrar. Justo cuando nos levantábamos, empezaron a limpiar. Temiendo lo peor, llegué casi corriendo a la puerta, pero el camarero fue más rápido que yo y empezó a limpiar el suelo con lejía. Apenas llegué a olerla mientras ganaba la calle. Intenté decirles a mis compañeros que esperaba fuera, pero ya estaba afónico y con una opresión en el pecho.
El ventolin me alivió, pero el mal rato no me lo quitó nadie.
Unos días después le comenté al dueño del restaurante lo que había ocurrido, explicándole que a muchos alérgicos la lejía nos sienta fatal. Resultó que también era alérgico, pero lo de la lejía no lo entendió y la sigue usando.
Algo parecido me pasa con el portero de mi edificio, que consigue hacerme sentir que estoy en una cámara de gas, cuando monto en el ascensor que apesta a lejía.
Pero hay otras sustancias empleadas con frecuencia en lugares públicos que pueden provocar crisis de asma o alergia, aunque mucha gente parece no entenderlo. Por ejemplo, los ambientadores.
Recientemente en Inglaterra, una mujer alérgica, Michelle Hambleton, estaba en un supermercado cuando llegó una empleada rociando ambientador. Michelle le dijo:
-Podría dejar de rociar, eso podría matarme.
La empleada respondió:
-Aquí huele mal- y siguió como si nada.
Instantes después Michelle Hambleton cayó redonda y nadie conseguía encontrale el pulso. Afortunadamente había por allí una enfermera que le realizó maniobras de reanimación y una ambulancia la llevó al hospital.
Michelle salvó la vida, pero los responsables del supermercado no ofrecieron siquiera una disculpa. Se limitaron a decir que el incidente ocurrió después de rociar un ambientador que se usa a diario en casas y lugares de trabajo.
Pero parece que no se han planteado siquiera dejar de usarlo.
Me parece increíble que alguien pueda pasar un mal rato e incluso morir porque los lugares públicos se limpien con lejía o se perfumen con ambientadores. Por eso creo que, al menos, debemos tratar de convencer a personas y empresas para que no lo hagan.
Pero además, nuestras autoridades deberían hacer algo al respecto, antes de que algo muy grave suceda.
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3 Comentarios en “¡Basta de lejía y ambientadores! ¡Queremos respirar!”
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Soy alèrgica a los perfumes, y desgraciadamente todos los lugares estan perfumados. Entro al carro de quien sea y tienen sus pastillas odorizantes, los baños pùblico elegantes con olor intenso a chicle, el desodorante de mi esposo, el que a veces me pongo en verano por la excesiva sudoraciòn, los malditos productos para bebès ( y todo mundo dice que que bello huelen los bebès, pero na`los bebès no odorizados incluida su ropa sòlo huelen a leche agria, ese es su verdadero olor, mis bebè usaba jabòn de pan, mucha agua, mucho sol, todo oddorfree y ademàs les daba pecho, ellos si olìan a lo que debe de ser), vivimos una psicosis olfativa en donde nadie huele a si mismo si no al cosmètico que se embarra y que me produce dolor de cabeza intenso, comezòn en garganta, y sabor a perfume, tal como si hubiera tomado una botella de lociòn. AGHHHHHHHH, mis dìas se arruinan si huelo cualquier perfume. El incienso me aniquila. Por cierto el olor natual de un persona sin cosmèticos puede ser muy seductor. Intèntenlo!!!
Hola Yanet:
Gracias por explicarnos la situación con tanta gracia.
Yo también tengo mis problemas con los perfumes, aunque por lo que cuentas, más leves que tú. Sin embargo, los ascensores suelen ser una verdadera tortura.
Va siendo hora de que nos tengan en cuenta…
Saludos,