La alergia al polen condiciona la vida de millones de personas

Estornudo

Muchos piensan que la alergia al polen es apenas una molestia que provoca estornudos, pero se equivocan, es un fenómeno global con enormes consecuencias. En estos momentos, en muchos países del hemisferio norte se está viviendo la peor temporada de polen en años, lo que está condicionando la vida de millones de personas que sufren de alergia. Estos son algunos ejemplos:

En Jaén, el programa aulas en la costa permite que los niños eludan la peor parte de la temporada del polen, sin perder sus clases.

En Inglaterra una de las peores temporadas de polen provoca un aumento del 40% en la venta de antihistamínicos y que muchos trabajadores que sufren de alergia eviten salir a comer a mediodía, explica el Independent.

En Francia, el Boletín Alergo Polínico alerta de un alto riesgo de reacciones alérgicas provocados por las gramíneas y recuerda que la temporada está lejos de terminar y que hay que continuar con los tratamientos.

En los Estados Unidos las condiciones metereológicas han propiciado una temporada de las que hacen historia. De Nueva York a Atlanta y de Chicago a California, los alergólogos concuerdan en ello, informa El Nuevo Herald.

Incluso en Alaska viven una temporada histórica con hasta 4.500 granos de polen de abedul por metro cúbico, según el Anchorage Daily News.

En Ottawa, Canadá, las copiosas lluvias de abril ha provocado un aluvión de polen que a su vez motiva que aparezcan nuevos casos de alergia al polen, informa CBC News.

En Nueva Delhi, en la India, el polen provoca alarma y que una enorme cantidad de personas que sufren de asma acudan a los hospitales, duplicando -según India Today– el número habitual de pacientes que sufren esta enfermedad.

Podríamos seguir siguiendo el rastro del polen y las alergias que desencadena en el mundo, pero no queremos aburrir a nadie, sino simplemente llamar la atención sobre un serio problema que afecta a millones de personas en muchos países, que tiene unos costes millonarios, que provoca la pérdida de millones de jornadas de trabajo y de estudio y que disminuye la productividad, pero que la mayoría de los responsables políticos y sanitarios no acaba de tomarse en serio.

Total por unos estornudos…