Plinio el Viejo, murió de asma durante la erupción del Vesubio

El 24 de agosto del año 79 de nuestra era el monte Vesubio vomitó fuego y lava. Fue una catástrofe que sepultó a las poblaciones de Pompeya y Herculano y de la que todo el mundo intentaba huir.

Cayo Plinio Cecilio Segundo, que pasaría a la historia como Plinio el Viejo, se encontraba en Miseno al mando de la flota romana.

Era uno de los más importantes naturalistas de su tiempo y quiso observar el fenómeno más de cerca, por eso ordenó que preparasen un navío veloz y cuando se disponía a salir, recibió el pedido de auxilio de sus amigos.

Según explica su sobrino e hijo adoptivo, Plinio el Joven, cambió de planes y lo que había iniciado con el ánimo de un estudioso lo terminó como un héroe: mandó a zarpar los barcos y se dirigió al lugar del que todos huían.

Mientras las naves avanzaban bajo una lluvia de rocas y cenizas, Plinio tomaba nota de todo lo que veía. Le aconsejaron regresar, pero respondió que la Fortuna ayuda a los héroes.

Consiguió llegar a Estabias, a casa de sus amigos. La noche se iluminaba con el fuego que se extendía por las laderas del Vesubio. Todos estaban aterrados y Plinio intentaba calmarlos diciendo que eran hogueras encendidas por los campesinos en su huida.

Se retiró a descansar y en la casa resonaban los pitos de su respiración asmática en medio del fragor de la erupción volcánica, mientras en el patio se acumulaban piedras y cenizas.

La tierra temblaba y ante el peligro de que la casa se derrumbase, todos debieron abandonarla.

Ya había amanecido, pero parecía la más densa de las noches. Había un fuerte olor a azufre y las llamas se acercaban.

Plinio, apoyándose en dos jóvenes esclavos pudo ponerse en pie, pero al punto se desplomó.

El joven Plinio supone que la densa humareda le impidió respirar y le cerró la laringe, que tenía de nacimiento delicada y estrecha y que con frecuencia se inflamaba.

Su cuerpo fue encontrado intacto, en perfecto estado y cubierto con la vestimenta que llevaba: el aspecto de su cuerpo más parecía el de una persona descansando que el de un difunto.

Así a los 56 años y muy probablemente de un ataque de asma murió el gran escritor, naturalista y militar romano.

Fuente: Cartas de Plinio el Joven a Tácito y Breath of Life.