¿A quién confiar la información sobre nuestras alergias?

En boca cerrada...

Es imprescindible que nuestro entorno más cercano conozca en detalle nuestras alergias, pero si esta información se extiende sin control puede acarrearnos molestias, problemas y hasta peligros.

Esta reflexión surgió después de leer un artículo en el New York Times, que cuenta que el sistema infomático de algunos restaurantes conserva información acerca de las alergias alimentarias de sus clientes y que en algunos de estos establecimientos esta información se imprime para que puedan verla hasta una docena de empleados.

Este sistema tiene sin duda tiene ventajas, ya que si el personal está adecuadamente formado, permite que los clientes alérgicos disfruten de la comida con total tranquilidad.

¿Pero qué puede ocurrir si esta información se filtra?

Consecuencias indeseadas

El cliente podría verse  bombardeado con publicidad de productos y servicios para alérgicos, lo que no pasaría de ser una molestia.

Mucho peor sería que la información llegase a un posible empleador y el cliente alérgico no consiguiera un trabajo debido a su enfermedad.

O que la persona con alergia alimentaria viera rechazada una solicitud de un crédito o que su entidad financiera endureciera las condiciones.

Y el colmo ya sería que alguien empleara la información sobre las alergias de una persona para hacerle daño.

Normas

En España hay una norma bastante garantista, aunque de difícil cumplimiento, aplicable en estos casos. Se trata de la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD) que debiera protegernos de riesgos como los que acabamos de ver.

Pero no en todos los países ocurre lo mismo.

Precauciones

Por eso, siempre antes de ofrecer información sobre nuestra salud es importante considerar si es realmente necesario o al menos conveniente hacerlo, saber exactamente a quién se la damos, cuál es su política de privacidad y si va a ceder nuestros datos a terceros.

De lo contrario podemos buscarnos serios problemas.