El 24 de agosto del año 79 de nuestra era el monte Vesubio vomitó fuego y lava. Fue una catástrofe que sepultó a las poblaciones de Pompeya y Herculano y de la que todo el mundo intentaba huir.
Cayo Plinio Cecilio Segundo, que pasaría a la historia como Plinio el Viejo, se encontraba en Miseno al mando de la flota romana.
Era uno de los más importantes naturalistas de su tiempo y quiso observar el fenómeno más de cerca, por eso ordenó que preparasen un navío veloz y cuando se disponía a salir, recibió el pedido de auxilio de sus amigos.
