
La homeopatía es una forma de tratamiento desarrollada a comienzos del siglo XIX por Samuel Hahnemann (en la foto), quien sostenía que podía curar una enfermedad administrando la misma sustancia que la había provocado, pero diluyéndola muchísimo.
Y aunque lleva dos siglos empleándose, jamás nadie ha podido probar científicamente su eficacia.
Sin embargo, hay quien compara a la homeopatía con la inmunoterapia usada para tratar la alergia.
Y es cierto que la inmunoterapia se basa en administrar al alérgico pequeñísimas dosis del alérgeno -la sustancia que provoca la alergia- pero esas dosis van aumentando según avanza el tratamiento, tal como ocurre con las vacunas o con los exitosos tratamientos contra la alergia al huevo o a la leche.
Pero la diferencia es que, en un siglo de inmunoterapia, hay sobradas pruebas científicas de que funciona.
Si aún así estás dispuesto a probar la homeopatía para tratar tu alergia, la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI) advierte de que algunos homeópatas piden que se abandonen otros tratamientos, lo que puede ser peligroso en algunos casos graves, como en el de los asmáticos, y recomienda que le hagas las siguientes preguntas al homeópata:
- ¿Qué formación, cualificación y experiencia tiene?
- ¿Está registrado en alguna organización oficial?
- ¿Qué tratamiento te recomienda?
- ¿Qué beneficios puedes esperar y que efectos secundarios pueden aparecer?
- ¿Puede darte información escrita para tu médico?
- ¿Puedes seguir tomando tu medicina convencional?
- ¿Puede darte una estimación del número de sesiones, duración del tratamiento y su coste?