Oficinas sin perfumes

Edificio sin aromas

Los aromas y perfumes pueden resultar agradables para mucha gente, pero representan una verdadera tortura para otras, por eso en algunos países hay empresas que impiden o reducen su uso en los lugares de trabajo.

Dolores de cabeza, migrañas, irritación en los ojos, en la nariz y en la garganta y mareos son algunos de los problemas de salud que provocan los aromas empleados para el cuidado personal o para la higiene de los edificios.

Los perfumes y aromas afectan especialmente a la personas alérgicas, a las que sufren de asma y otras enfermedades pulmonares y a las que padecen de sensibilidad química múltiple (SQM).

Por eso, organizaciones como la Asociación Pulmonar de New Brunswick, en Canadá, ofrece información sobre este problema e impulsa las políticas que tratan de eliminar perfumes y aromas en las empresas.

De su web puedes bajarte carteles como el que ves más arriba, que anuncian un edificio libre de aromas o una guía, en inglés, para conseguir que una empresa esté libre de perfumes.