Un nuevo sensor acelerará el diagnóstico reduciendo costes

El nuevo invento es barato tiene el tamaño de un dedo pulgar y permitirá determinar en pocos minutos si una persona moquea porque tiene un resfriado, una alergia o una infección en los senos nasales.

En realidad lo que hace el aparatito, al que han llamado algo así como sensor integrado de microfluidos, es distinguir y contar los distintos tipos de glóbulos blancos, que son componentes importantísimos del sistema inmunitario.

Manish Butte -que dirige el equipo de la Universidad de Stanford que creó el aparato- explicó que podrá ser usado para facilitar el diagnóstico de enfermedades como el cáncer, las alergias o el SIDA.

Niños burbuja

Butte desarrolló este sensor porque quería mejorar el sistema de diagnóstico de la inmunodeficiencia combinada severa, una enfermedad congénita conocida popularmente como enfermedad del niño burbuja en el que los niños nacen sin gran parte de su sistema inmunológico.

En la actualidad se necesitan de tres a seis semanas para diagnosticar esta enfermedad que afecta a uno de cada cien mil bebés y durante este tiempo, los pequeños pueden contraer infecciones que pueden poner en peligro su vida.

15 minutos

Por el contrario, el nuevo sensor puede detectar en solo quince minutos reducidas cantidades de linfocitos T, un sello distintivo de la enfermedad, antes de los pequeños abandonen el hospital en que nacieron.

Butte pronto se dio cuenta que el nuevo sensor puede facilitar el diagnóstico de una amplia gama de enfermedades porque nuestro cuerpo tiene distintos tipos de glóbulos blancos y cada uno de ellos realiza diferentes funciones en la lucha contra la enfermedades.

Por 45€

Actualmente se emplean los recuentos de estos diferentes tipos de glóbulos blancos para diagnosticar enfermedades como el SIDA o el cáncer, pero para realizarlos se necesitan técnicos especializados que, con la ayuda de equipos lentos y que cuestan miles de euros, estudian muestras de sangre bastante grandes.

En cambio el prototipo del nuevo sensor costó solo 60 dólares -poco más de 45€- y si se fabricara en serie su precio bajaría.

La descripción del nuevo sensor está a punto de aparecer en Biomicrofluidics, la Universidad de Stanford ya ha solicitado una patente y los inventores están buscando un socio para su comercialización.

Esperemos que lo consigan pronto, porque si el aparato es tal como dicen ayudará a mejorar la salud y a evitar sufrimientos.

Fuente: Universidad de Stanford.