
Es asombroso como las alergias se van integrando en la vida diaria. Buen ejemplo de ello es lo que sucedió en las celebraciones del Carnaval o Antroxu de Gijón.

Es asombroso como las alergias se van integrando en la vida diaria. Buen ejemplo de ello es lo que sucedió en las celebraciones del Carnaval o Antroxu de Gijón.
La mujer, la madre y las hermanas de Tom Ogren sufren de alergia al polen y asma, por eso este hombre, que tiene un master en agricultura empezó hace 25 años a trabajar para conseguir jardínes que no provoquen alergia.
Por aquel entonces, enseñaba horticultura y un día pidió a sus alumnos que olieran flores y así comprobó que algunas provocaban estornudos y otras no.
Pero pronto abandonó este tipo de pruebas, al darse cuenta que jugaba con fuego, ya que resultaban demasiado peligrosas.
Comprendió entonces que podía crear jardínes que no provocaran alergia y para lograrlo, empezó a probar qué plantas podían desencadenar reacciones alérgicas en la piel.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Extremadura ha comprobado científicamente lo que muchas personas con alergia al polen sabemos por experiencia: puede haber polen en el aire aunque no haya flores en la zona.
Por supuesto que existe una relación muy estrecha entre el momento de la liberación del polen de las plantas y los datos que recogen los captadores usados para cuantificar los granos, pero no siempre es así, explica Rafael Tormo, botánico de la Universidad de Extremadura y coautor de la investigación.
Su equipo ha detectado retrasos o anticipaciones de hasta una semana entre la presencia de polen en el aire de especies alergénicas de gramíneas -como las hierbas de los géneros Poa, Agrostis, Bromus o Avena- y de cupresáceas -cipreses y arizónicas- y su floración.